viernes, 19 de mayo de 2017

AMAPOLAS

Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.
Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es siempre aire de viaje.

Viento. Octavio Paz.




Si hay una flor que durante la primavera llama la atención es la amapola.

Su intenso rojo destaca como el destello de un conspicuo faro que entre las olas de los mares de cereales insistentemente reclama a los navegantes.

Dispersa o arracimada, pero siempre libre, crece en medio de otras flores, como si compitiera por el primer puesto en un concurso de belleza botánica que sabe que ganará.






Brota en los lindes de los campos como si quisiera ser frontera, recordándonos que no se pueden poner puertas al campo, que los límites de la naturaleza los pone ella misma por mucho que nos empeñemos.

Es un blando aleteo rojo atado en verde a la tierra cuando el viento juega con sus pétalos y cautivador universo escarlata si la flor se abre a nuestra vista.

Se alza en esas cunetas en las que quién sabe si aún albergan el último sueño de esos desaparecidos que fueron forzados al silencio, pero que nunca han dejado de ser amados y que jamás fueron olvidados.







Y cuando el ciclo de la vida le lleva del esplendor rojo y brillante a la lóbrega sombra del fin, sigue erguida con orgullo, luciendo sus últimos colores con altanería, con la altanería de la belleza de lo simple.



 

Fotos hechas cerca de Ibi en la tarde del 18 de mayo, después de un ligero chaparrón.








3 comentarios:

  1. Pero que bueno eres Elías y grande y sensible y fotógrafo y .... Si no existieras el mundo no sería el mismo.

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