Algunas tardes aprovecho para
dar una vuelta por el Cabo de las Huertas y pegar un vistazo a las aves que lo
frecuentan. Se nota el paso de las migratorias y la llegada de las invernantes,
así como la mayor tranquilidad de la zona en lo que se refiere a la menor cantidad
de gente que se mueve por allí, lo que favorece la presencia de las aves.
En una roca suelen posarse las
gaviotas (especialmente, gaviotas de Audouin) y otras aves. El pasado día
18 observé que una de esas gaviotas de Audouin tenía una anilla de PVC. Pude
leerla (a pesar de que se puso en el peor lugar para que pudiera hacerlo) y su
numeración ya me resultó familiar: 3UF
La 3UF.
Al día siguiente, metí la
observación en la base de datos de anillas de la EBD e, inmediatamente, dispuse
del historial de esa ave.
Resulta que fue anillada en la
isla de Conejera el 17 de junio de 1999. ¡Más de 18 años! Un buen dato de
longevidad. Pero en el listado de observaciones aparece por qué me sonaba la
anilla 3UF: la había observado anteriormente en el mismo lugar el 4 y el 17 de
diciembre de 2004, el 17 de diciembre de 2005 y el15 de marzo de 2007. Pero,
además, dos amigos también la habían observado (en el mismo sitio): Miguel
Ángel Andrés la vio el 13 de febrero de 2015 y Jana Marco el 12 de enero de
2016.
Se ve que le gusta este rincón
de la costa para pasar el invierno (a excepción de dos lecturas en las Salinas
de Torrevieja, el resto han sido en el Cabo de las Huertas) mientras que, las
estivales, son en Baleares. Hay que exceptuar el verano de 2002 que sí pasó en
Alicante. A saber por qué.
Al irme observo otra gaviota
de Audouin. Se mueve de forma rara y al mirar con detalle observo que le falta
un “pie”, el derecho. Recuerdo que vi una el 26 de febrero de 2016 a la que
también le faltaba un pie. Al revisar en casa las fotos, compruebo que es otra
distinta, ya que a aquella le falta el izquierdo y era a más altura de la pata. Podría ser consecuencia de
alguna amputación debida a algún tipo de arte de pesca. Quién sabe… De todas
formas, en los dos casos, las aves no parecían mostrar debilidad ni ningún tipo
de comportamiento extraño, más que un extraño caminar a saltos.
La Auoduin sin pie de hoy.
La anterior, con una amputación mayor.
Los chorlitejos patinegros parecen jugar al escondite pero, en cuanto
el sol manda sus últimos rayos, se colocan en alguna roca aislada para
adormilarse al calorcillo, algo en lo que los cormoranes grandes
parecen ser expertos. En cambio, los vuelvepiedras
no dejan ni un segundo de buscar comida. En la mar, las enormes siluetas de los
alcatraces atlánticos ofrecen repetidas
veces sus espectaculares picados. Solo los charranes
patinegros compiten con su velocidad
y altura.
A tomar el sol.
Otras aves (tanto marinas como
terrestres) han ido apareciendo por la zona, haciendo que pase un buen rato
observándolas, a ellas y al paisaje.
El chorlitejo sale volando antes de que le alcance la ola.
►Ver también: http://eliasgomis.blogspot.com.es/2012/07/toda-una-vida-en-una-anilla.html
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