31 de diciembre de 2025. Se
acaba el año y es buena idea echar una horita en el Cabo de las Huertas a ver cómo
está de pajareo. Y no resulta mal.
La mañana tiene una meteorología
tranquila y la mar está en condiciones perfectas para ver aves.
Por los matorrales se encumbran
las tarabillas comunes mientras que ruidosos grupitos de estorninos
silban y emiten el resto de su amplio abanico de sonidos.
En la orilla dos zarapitos
trinadores marisquean sin cesar, alternando sus rutas con el paso de otros tantos
chorlitejos patinegros y unos cuantos vuelvepiedras comunes. La garceta
común, con sus largas plumas blancas se pasea por la orilla como si no tuviera
otra cosa más que hacer, pero, en un instante, se detiene y arponea con su
pico, capturando su almuerzo.
Lejanas, las pardelas
baleares van pasando en pequeños trenes y acaban sumando 107 ex. Su característico vuelo
tiene algo de hipnótico, con sus subidas y bajadas sobre las olas, como si temieran
alejarse mucho de la superficie de la mar. Por algo su nombre viene a
significar algo como “las que rozan el agua”. Entre las baleares veo una
pardela mediterránea, que destaca con su patrón de color.
Hay otra pardela que pasa
solitaria y algo más cerca de la orilla. Es distinta. Parece más grande que las
baleares y que las mediterráneas. También es más oscura en general,
con las partes blancas de debajo de las alas más marcadas. Ay… ¿qué será? La he
visto sin tener el telescopio montado y cuando me echado los prismáticos a los
ojos (literalmente), esta ave incógnita cruzaba por delante de la constelación
de reflejos del sol en la mar. Luego, ya desaparece por detrás de la costa.
¿Pardela sombría? ¿Algún ejemplar de otra especie más común pero especialmente
oscuro? Quedará en la memoria, dentro de la carpeta NI (ni idea, ni identificada,
ni intentes saber que era).
Los cormoranes comunes,
sus primos los cormoranes moñudos, junto a sus vecinos los charranes patinegros,
las gaviotas de Audouin, las gaviotas reidoras y las gaviotas
patiamarillas, ocupan la roca, a veces todos juntos y otras algún vecino se
va a dar una vuelta. Van y vienen.
Y los que vienen son un grupo
de nadadores humanos que se acercan a la roca para descansar y charlar. Las
aves se van ante tal amenaza anfibia.
¿Todas? No. Un cormorán permanece impasible, como si estuviera interesado en la conversación humana. Decide que aquel desembarco no es tan grave como para molestarse.
Cuando los nadadores
deciden irse, el cormorán no es que vuele, sino que salta al agua, como si
estuviera dispuesto a ganarles en la natación de vuelta.
Al rato, la roca vuelve a
pasar al dominio de la nación alada. Y, por supuesto, BB1A está allí. Esa Audouin
está empadronada por siempre allí.
Se acaba el año.
Feliz año y muchos pájaros
para todos.
Lista de eBird https://ebird.org/checklist/S291359490









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