jueves, 13 de agosto de 2026

ECLIPSE SOLAR TOTAL




Eclipses: no hay nada que haya impresionado la

 imaginación y excitado la atención y la curiosidad

 de los hombres más vivamente.

Antonio Vela y Herranz (1865-1924). Director del Observatorio Astronómico Nacional.

 

Y llegó el día del eclipse solar total (ver). Por si había alguna incidencia, habíamos preparado un plan A, B y C y, al final, recurrimos a crear un plan D para asegurarnos poder ver el fenómeno astronómico.

La meteorología estaba algo revuelta en algunas zonas de las elegidas y nos acabamos decantando por acortar del desplazamiento e ir a las Cumbres de Calicanto (entre Chiva y Torrent, en Valencia), donde mi amigo y gran meteorólogo Pedro J. Gómez (fundador de MeteOrihuela (ver) y ahora miembro del equipo de Aquí la Tierra (TVE1) (ver)), nos aseguraba que “todo irá bien”. 

Y así fue, y mucho más que bien.

Para escoger un buen sitio y cómodo, antes de la una de la tarde ya estábamos montando las sillas y las mesas y, sobre todo, las esenciales sombrillas que nos hicieran más llevadera la espera. Antes que nosotros, otras personas ya habían hecho lo propio en las cercanías.

La tarde fue pasando y cada vez llegaba más y más gente, cortando la policía el acceso en vehículos. Las sombrillas parecen una repentina invasión de setas multicolores sobre la ladera. Las nubes apenas aparecían en el cielo y estaban lejos del punto en el que se eclipsaría el Sol. No ha de qué preocuparse. Vamos a verlo perfectamente. Más abajo, en la carretera, ya no hay apenas huecos para aparcar y el tráfico se ha vuelto más complicado.

La ladera va llenándose de espectadores.


A las 19:38:29 llega el inicio del eclipse parcial. La Luna se va colocando entre la Tierra y el Sol y va tapando a este con su avance. Todo el mundo (o casi) contempla con las gafas de eclipse ese primer “mordisco”.



Van pasando los minutos y cada vez al Sol le “falta” un trozo más grande. La Luna va haciendo más evidente su movimiento. Se nota más nerviosismo entre la gran cantidad de público que ocupa el lugar.






Alguien va cantando una cuenta atrás para estar atentos al momento culminante: el eclipse total. Voy haciendo fotos con las cámaras. Los objetivos llevan filtros solares para trabajar de forma segura. Y todos llevamos gafas de eclipse para mirar a simple vista al Sol.


Mirando el eclipse poco antes de la totalidad.


A punto de la totalidad.


La luz no solo está menguando muy rápidamente, sino que también está cambiando de color. Son unos tonos raros, quizás grisáceos, con una luz extraña y tamizada. La brisa varia de dirección y la temperatura ha caído.

La cámara no llega a registrar la extraña luz creada pero estas imágenes pueden servir para ayudar a comprenderlo.


20:32:42

¡YA!

Totalidad.

Como os cuento, decidí no perder ni un segundo de poder contemplar la totalidad en vivo.  Dejé las cámaras para disfrutarlo personalmente. Estas dos imágenes se nota que no tuvieron mi total atención.



La Luna se ha interpuesto entre la Tierra y el Sol. La sombra proyectada nos ha alcanzado. Oscuridad.

Es difícil explicar la sensación. El Sol es un círculo completamente negro. A su alrededor brillan miles de puntos y se ven amplias zonas iluminadas en rojo y, más pequeños, amarillos incluso de tonos verdes. Las rojas son originadas por fulguraciones solares, enormes llamaradas solares.

Perlas de Baily, anillo de diamantes… son algunos de los nombres que los científicos les han dado, pero, en ese momento solo hay que disfrutar de esa visión. Vamos a tener únicamente 50 segundos y no hago ni fotos para no perder ni uno de ellos.

Es increíble. Los que no habíamos visto ningún eclipse solar total y habíamos leído sobre ellos, no podemos imaginar qué cortas se quedan las palabras respecto a la realidad. Hay que ver un eclipse solar total para entender el hecho de que este fenómeno haya maravillado desde siempre a la humanidad. Ni siquiera los eclipses con un grado de ocultación del 99% pueden compararse. Ese pequeño porcentaje de ocultación es gigantesco en este fenómeno.

El público, que parecía como aturdido en los primeros segundos de la totalidad, de repente ha irrumpido en un espontáneo y potente aplauso, acompañado de una larga ovación, como si hubiese necesitado ese breve tiempo para comprender qué estaba ocurriendo en el cielo.

Continua el fantasmal paisaje, con el brillo del anillo que rodea al Sol mientras todo está oscuro. La brisa sigue cambiando y se nota más la bajada de la temperatura.

… y cincuenta segundos.

El Sol comienza a aparecer de nuevo, lentamente. En ese momento, veo cómo pasan varios murciélagos (por el tamaño, probablemente Pipistrellus pipistrellus) que, como otros animales, creen que ya ha llegado la noche “de verdad”, aunque queda casi media hora para que el ocaso se produzca realmente.

Abejaruco pasando sobre el sol en eclipse. El resto del grupo pasó décimas de segundo antes.


Comienza a "salir" de nuevo el Sol.



El Sol sigue “recuperándose” y, a la vez, va bajando hacia el horizonte. Cuando llega a las lejanas montañas que tenemos al fondo, ha “crecido” notablemente, pero, con forma de aleta de tiburón, se oculta hasta el próximo amanecer.





Nuevo aplauso del público, que es como un agradecimiento por el increíble espectáculo que nos han ofrecido el Sol y la Luna. Ahora sí que llega la noche de verdad. Los murciélagos siguen volando y seguramente piensan (algo confundidos) que esa tarde ha ocurrido algo extraordinario con el Sol.

Y es que así ha sido, un eclipse solar total, un espectáculo astronómico fascinante e inenarrable.

E inolvidable.




 

 

  

No hay comentarios:

Publicar un comentario