martes, 15 de septiembre de 2026

UNA MIRADA AL CIELO NOCTURNO DE ESTOS DÍAS


Hemos tenido unas cuantas noches despejadas y con cielos limpios que me han permitido hacer algunas fotos del firmamento que os muestro a continuación.

En estas fechas, la constelación de Orión está perfecta para su observación. Ahora la veremos hacia el S-SE antes del amanecer. Podemos distinguir sus estrellas principales, así como las nebulosas de Orión (M42) y la de De Mairan (M43), ambas en la “espada” del cazador, siempre que tengamos buena visibilidad o usemos unos prismáticos.



Nebulosas en la "espada" de Orión.


En la foto, dentro de Orión (en amarillo), podemos distinguir:

Betelgeuse (en el “hombro” del cazador) es una estrella supergigante roja (se ve perfectamente el color) que es 1.000 veces mayor que el Sol. Está a 642 años luz de la Tierra.

Alnilam (en el “cinturón”) es una estrella supergigante azul, entre 275.000 y 537.000 veces el tamaño del Sol. Está a unos 2.000 años luz de la Tierra.

Rigel (en la “pierna”) es otra estrella del tipo anterior y 120.000 veces mayor que el Sol. Está a 860 años luz de la Tierra.

En la foto, bajo a la izquierda, fuera de la constelación de Orión, se puede ver a Sirio, que es la estrella más brillante del firmamento del hemisferio norte. Realmente, es un sistema binario compuesto por una estrella de tipo blanco-azulado (Sirio A) y por otra estrella que es una enana blanca (Sirio B).

Esta última es una estrella que agotó su combustible nuclear, quedando un remanente de masa ultradensa. Es tan densa que, siendo Sirio B del tamaño de la Tierra, contiene la misma cantidad de masa que el Sol. Tengamos en cuenta que el Sol es 330.000 veces más masivo que la Tierra. Sirio está a 8,61 años luz de nuestro planeta.

A su derecha está Mirzam, una estrella gigante azul tan pesada que acabará convirtiéndose en una supernova. Está 500 años luz de la Tierra.

Aquí podéis ver un cortito time lapse hecho esta mañana:




Al menos, cinco aviones han cruzado por la imagen.

El día 14 tuvimos a Venus “muy cerca” de la Luna. Lo de “muy cerca” es en términos de cómo lo apreciamos desde la Tierra, porque esos dos cuerpos celestes estaban a más de 68 millones de kilómetros.

La Luna estaba en su fase creciente (con un 9%) de iluminación.









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