miércoles, 10 de agosto de 2016

CHOTACABRING




Antecedentes
El chotacabras es un ave rara. Rara en su aspecto y costumbres y también rara en lo que se refiere a su anillamiento.

Para empezar, su coloración mimética vuelve al chotacabras cuellirrojo casi invisible cuando está en el suelo. No vuela hasta que casi se le pisa (de ahí el nombre de enganyapastors) y si añadimos que su principal momento de actividad ocurre desde el ocaso al crepúsculo (no confundir con las películas homónima de otros “bichos” y “bichas” nocturnos), hacen que no sea fácil de ver (como esas películas). Su canto, emitido en la noche, recuerda al del golpeteo de una madera hueca.

Y sobre el anillamiento (que es a lo que vamos, literalmente) tampoco resulta ser un ave “normal”. Según los datos de SEO, del año 1950 al 2010 se anillaron en España 4.226 ejemplares, una cifra realmente baja. En Alicante, para ese periodo, se anillaron 141 ex. de los cuales, solo uno fue anillado antes del año 2000.

Chotacabras en mano para ser anillado.

En esos mismos años solo hay constancia de una recuperación de un ave anillada en España y otra más a la inversa.

Queda claro que es una especie muy interesante para los anilladores.

Otra cosa es que sea sencilla de anillar, que va a ser que no.



Practicando Chotacabras Go!
La técnica, a la que llamaremos chotacabring, consiste en recorrer de noche y en coche carreteras y caminos de poco tráfico, después de haber localizado las zonas donde esta rara avis tiene sus territorios. Vamos que hay que estar como diría Torrente: apatrullando el monte.

Excepto para las gentes con la cabeza llena de pájaros, es inexplicable como nuestros montes no están repletos de enfervorecidos practicantes de chotacabring, por lo menos, en la misma cantidad de los que andan cazando los bichos del Pokemon Go ese.


Los chotacabras, durante la noche y con la ayuda de algún gen un tanto suicida, se posan en mitad de la carretera o del camino para cazar insectos con su enorme boca. Las presas acuden allí alentadas por el caloret que desprende el firme después las inclementes horas de sol estival. Y el bocazas del chotacabras se las zampa sin más miramientos.


Y eso es precisamente lo único que tiene que hacer el chotacabras: mirar. Mirar a las luces del coche y las que se le añadan, porque el coche, para estos casos, lleva más luces que una noria de fiesta. El momento de quedar deslumbrado, es el instante idóneo para su captura, para lo que se usa un salabre con un mango muy largo (que, para el pasmo de los transeúntes, se lleva por el exterior del coche -dentro no cabe-) para evitar que al pisar el anillador el suelo al acercarse, las vibraciones provocadas por esos pasos pongan más en alerta al ave. Entonces ¡zasca! se le echa rápidamente el cazamariposas encima y ya lo tenemos.

Salabre XXL.

El momento más delicado: la aproximación.


Eso es la teoría.

Después de unas cuantas horas y no menos intentos, podemos afirmar que ese protocolo se parece mucho más a la ciencia ficción.

Vamos, que sería mucho más fácil atrapar un unicornio. O, incluso, yo diría que a dos.



Buscando voy, buscando vengo
En nuestro caso, la ruta de búsqueda ha sido por los alrededores de Aigües, donde tenemos localizados varios territorios y zonas donde hay ejemplares muy aquerenciados, tanto que ya hemos bautizado a alguno de ellos como el de “el chotacabras de la curva” (tan furtivo y casi invisible como “la chica de la curva”) y otros cuyos nombres es mejor no repetir aquí.

Hemos observado a estas aves tanto en carreteras asfaltadas como en caminos de tierra. Después de que algún vehículo les haya hecho levantar el vuelo, han retornado prácticamente al mismo punto inicial. Ese apego nos facilita mucho su localización.



Resultados: chotacabras ganan
Hemos estado haciendo varios intentos este verano (aún puede que hagamos alguno más) y el resultado ha sido muy pobre, si es que nos referimos a las capturas, porque por lo referente al aspecto de pasar unos buenos ratos habríamos sacado un 10.

Xama, Toni, Marta y yo, al finalizar una sesión.

Conejos, autillos, mochuelos, polillas, arañas y una larga lista de animales nos han acompañado en estos raids nocturnos, bajo un cielo deslumbrante de estrellas que, incluso, nos dejó ver la Vía Láctea en las noches de luna sarracena.



Los chotacabras estarán por aquí hasta entrado el otoño y volverán en la próxima primavera.


Y nosotros también.




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