No se
puede escuchar música sin silencio, no se pueden ver las estrellas sin
oscuridad. Silenciemos las luces para escuchar la música de las estrellas.
Iratxe
Etxebarría. Asociación Astronómica de Las Encartaciones Betelgeuse.
Para medir el brillo del cielo
nocturno se usa la escala creada por John E. Bortle. En ella, del 1 al 9, de
determinan los diferentes estados de contaminación lumínica del cielo nocturno,
siendo la clase 1 el cielo más oscuro y 9 el más contaminado lumínicamente.
Desgraciadamente, la
contaminación lumínica (ver) es una forma de contaminación que pasa
desapercibida pero que afecta seriamente a los ciclos de los seres vivos
(incluidos a los humanos), al paisaje y a la contemplación del universo.
Incluso, disminuye la capacidad de vigilancia de los cuerpos celestes que
puedan resultar peligrosos si colisionan con la Tierra.
Poco a poco, el derroche de
luz asociado a la actividad humana nos está privando de disfrutar de un
espectáculo astronómico cada noche. Para los que buscamos contemplar cielos
oscuros para poder reconocer sus cuerpos celestes cada vez nos resulta más
difícil conseguirlo.
Cuando encuentras un lugar con
cielos oscuros es fácil de maravillarse de la grandiosidad y riqueza del
firmamento nocturno y te das cuenta de todo lo que la contaminación lumínica te
está quitando.
Para entender fácilmente la escala
de Bortle os dejo este gráfico creado con IA:
“El cielo
nocturno ha sido y es una inspiración para toda la humanidad. Sin embargo, su
contemplación se hace cada vez más difícil e, incluso, para las jóvenes
generaciones empieza a resultar desconocido.
Un
elemento esencial de nuestra civilización y cultura se está perdiendo
rápidamente, y esta pérdida afectará a todos los países de la Tierra.”
(Extraído de la Declaración de la IAU/ICSU/UNESCO sobre la Reducción de los Impactos Medioambientales Adversos para la Astronomía. París, 2 de Julio de 1992).

